martes, 11 de agosto de 2009

White Hall, Mall, Movies, Michigan's Adventure, Holland y Buffet

Pasamos la mañana en lo de Sarah “chilling” y al mediodía comimos la pizza que había sobrado del día anterior.

A la tarde llegó Charity, amiga de Sarah de la infancia, y fuimos a recorrer Whitehall, o más bien el centro de este poblado, ya que Sarah vive en las afueras de él. Es pintoresco y se ubica a la orilla del lago White lake, que se comunica con el lago Michigan. De ahí fuimos a Meijer, un enorme hipermercado estilo Wal-mart ya que 1) como siempre, yo quería conocer y 2) las chicas necesitaban comprar los ingredientes para preparar unas “puppy chow” (cereal bañado de chocolate con crema de maní y powder sugar) para cuando miremos la peli que estábamos por alquilar. Para eso fuimos a Family video, una especie de Blockbuster.

Devuelta en lo de Sarah, Carol nos había preparado para la cena unas Rice Crispy Chicken y puré de papas. Este es el primero de una serie de deliciosos almuerzos que nos prepararía la madre de Sarah, y tengo que darle la razón a Sarah y concluir que es una muy buena cocinera.

Una vez preparadas nuestras puppy chow, nos sentamos en el sillón del living a ver la peli. Charity se quedaba a dormir y al otro día esperábamos al novio que vendría a visitarla.

Al otro día hubo más chilling por la mañana, y bastante yo-leyendo-mi-nuevo-libro-de-glen-beck-un-analista-político-conservador-buenísimo-de-estados-unidos. Al mediodía Carol y Jim nos sorprendieron con un delicioso desayuno norteamericano, que consistía de: bacon, huevos revueltos, salchichas tipo alemanas, tostadas con dulces caseros, panqueques y waffles. Estas cosas a mi me ponen contento aunque note que leer mi blog a uno le puede causar hambre.

Llegó el chico de Charity por la tarde y el plan, impulsado por mí y mi insistencia, era ir al “mall”, esos centros de consumo americanos. Aquel era muy grande, pero cuando uno ya pisó Wal-mart, no quiere saber nada de otros lugares. Los precios no eran tan accesibles, pero encontramos un local de libros de segunda mano que estaban muy baratos. Después hice mi obligatoria parada por los locales de golosinas para hacer desgustación (todo un asunto científico sin embargo). Pese a que mi estómago es un porfiado que se niega a subir peso, lo he logrado doblegar durante esta estadía en el país del norte (y la comida).

Antes de volver a casa visitamos la high school (secundaria) de Sarah, y saqué muchas fotos para cuando vuelva poder decir cosas como “vez! así tendrían que ser las nuestras”.

Ya en lo de Sarah nos sentamos para comer la cena. Había mucha expectativa (por lo menos de mi parte) porque íbamos a comer tacos y comida mexicana. Probé la quesadilla y “dip” con nachos. El “dip” es pollo con salsa picante, bastante picante. Al parecer los argentinos no se la bancan con la comida mexicana. Traté de dejarnos bien parados muchachos.

El plan para la noche era ir al cine con Charity y Rich (o Kirk, como Sarah lo llamaba por equivocación; Kirk era el exnovio de Charity). En el cine también hay free-refills, y a uno lo pone de buen humor terminar el vaso de gaseosa y, previa ida al baño, volver a ver la peli con uno nuevo. Otro “highlight” del cine fue la entrada: 2.50, aparentemente porque la película era vieja.

Estaba anunciado tormenta para la noche, así que los chicos estaban apurados por partir. Resulta que no bien se subieron a sus respectivos autos (si, los americanos tienen un auto para cada uno) se largó con todo. Refusilaba como loco (para los porteños que no conocen el léxico del far far interior: refusilo es relámpago) y llovía igual, y no se nos ocurrió mejor idea que salir al jardín a disfrutar de la lluvia y el espectáculo en los cielos. Al día siguiente nos enteramos de que los fuertes vientos hicieron destrozos por toda la zona, y muchísima gente quedaría sin electricidad por varios días. En lo de Sarah se quebraron varias ramas gruesas de algunos árboles.

Al día siguiente iríamos a la iglesia de Sarah y ella hablaría sobre su experiencia en el summer project en argentina. La cuestión es que por la tormenta ellos se quedaron sin electricidad también y la celebración se canceló. Resultado: más chilling out por la mañana. Al mediodía Sarah se resignó a llevarme a comer a Lee’s, un lugar de comida rápida donde ella había trabajado, el cual asegura tiene mejor comida que KFC (Kentucky Fried Chicken) que era la otra opción dentro del mismo estilo de comida. Nos acompañó Betsy, la hermana de Sarah. Lee’s, aprobado. Volvimos a lo de Sarah (todo, pero todo requiere un mínimo viaje en auto) a digerir (hablo en plural para no escracharme siempre por comer tanto). Bueno, en realidad queríamos esperar hasta las tres de la tarde para ir a Michigan’s Adventure, el único parque de diversiones de Michigan y en el que trabajan Sarah y la hermana. Está casi pegado a lo de Sarah, por cierto. El día era perfecto porque estaba caluroso y había humedad, y este parque tiene muchos juegos acuáticos. Para cuando nos dispusimos a pasar a la zona acuática, negras y amenazantes nubes se acercaban y se empezó a levantar un viento fresquito. Por supuesto después empezó a lloviznar levemente. Con esto y todo, nos subimos a casi todo, pero como después empezó a refusilar se suspendieron varios juegos como las montañas rusas que, obvio, teníamos que dejar para el último.

Con la sensación de que me perdí algunas de las mejores atracciones del parque, volvimos a lo de Sarah y llegamos justo para la cena. Habían llegado también la hija de Jim y su esposo (los muchachos americanos se casan temprano), que viven en Carolina del norte. Fue una cena muy rica y alegre, y una de las principales atracciones era ver como Kevin superaba la prueba de comer un jalapeño entero. Después de la odisea, recibí la aprobación de Jim (aparentemente él había comido también, con la diferencia que no tenía preparado leche y papas para sobrevivir).

He aquí los dilemas que a uno se le presentan en la vida: la madre de Sarah había preparado unos increíbles postres. Sin embargo, al terminar de cenar eran las ocho, con lo que teníamos una hora entera para volver al parque y disfrutar de las montañas rusas ya que el tiempo había mejorado. Le eché una última mirada de deseo al postre y me fui a bajar la comida a las montañas rusas. La primera a la que nos subimos fue alucinante, y según datos de Betsy, la novena mejor del mundo. El día, entonces, se coronó con una triunfante vuelta del parque y una embestida sin piedad contra el postre.

Ayer no sabíamos bien que hacer y decidimos visitar Holland, un pueblo cerca de Muskegon con mucha descendencia neerlandesa y que en primavera tiene un festival de tulipanes. En el camino pedimos comida para llevar en Wendy’s. Si todavía no la sacaste, el objetivo es comer en todos los locales de comida rápida durante el viaje.

Volvimos y una vez que Carol llegó del trabajo, fuimos toda la flia a comer a un buffet. La familia de Sarah creó que también se entusiasmó con la idea de hacerme probar la mayor variedad de comidas americanas.

Bueno me cansé, eso es todo por ahora, hasta el próximo posteo.

PS: Ya me llegó la cámara, ahora nadie me va a detener.

viernes, 7 de agosto de 2009

Experiencias americanas

Martes movido. Salimos por la mañana hacia Grand Rapids, al este de Muskegon, para encontrarnos con un amigo de Sarah de la universidad, Dan, que se ofreció para llevarnos a recorrer la ciudad. Además nos acompañarían Kyle y Jes, que llegarían de Mount Pleasant, la ciudad en donde se emplaza Central Michigan University (CMU). Comimos unos sandwitchs de pavo en el porch de la casa y a continuación condujimos en el auto de Dan hacia el downtown.

Por ahora nunca había estado en el centro de una ciudad norteamericana así que tenía muchas expectativas. A medida que nos acercábamos se empezaban a distinguir de lejos edificios altos y modernos que sobresalían del resto del relieve urbano. Nos alejamos de los verdes y tranquilos suburbios y entrabamos sin cambios abruptos a una organizada sucesión de edificios de oficinas, de salud, bancos y servicios en general. No se puede creer la prolijidad y la limpieza de todo. A pesar de ser el centro de una de las ciudades que actualmente, bajo un panorama de depresión, crece, se ve muy poca gente circulando las calles y poco tránsito, el cual discurre suavemente. Gran diferencia: no escuché ningún bocinazo en lo que va del viaje.

Empezamos el recorrido parando en un dique en el río frecuentado por pescadores y en el cual disponen de unas rampas para que los peces puedan saltar y nadar río arriba. Seguimos camino y entramos en el Amway Grand, un hotel de lujo de la ciudad en el cual se alojaba el presidente Ford, original de esa ciudad. Después nos dirigimos hacia el Van Andel Arena, un centro donde se hacen conciertos y se juegan partidos de algunos deportes como basket y hockey. De ahí pasamos a visitar el Children’s museum, un museo para chicos, que era algo así como un centro educativo de recreación para chicos en donde pueden jugar todo tipo de juegos a través de los cuales aprenden. Allí trabajaba un amigo de Dan y él nos dio un pequeño recorrido por el museo.

Después de recorrer el downtown Grand Rapids decidimos visitar la primera universidad de Sarah, una universidad Cristiana llamada Cornerstone. En el camino paramos en una negocio que vende productos frutales de su propia granja y probé el apple cider, un especie de jugo de manzana sin filtrar y sin azúcar muy sabroso. Luego de este refresco seguimos hacia Cornerstone e hicimos un pequeño recorrido.

Nos despedimos de los chicos y, previa parada en lo de Sarah, fuimos a cenar (5 de la tarde) a la casa de su padre acompañados por su hermana. Su padre es enfermero y viaja mucho con su trabajo. Está casado con una mujer china y ella nos preparó comida china muy rica. Los dos son gente muy buena y estuvieron encantados con la visita.

Como andábamos cortos de tiempo, salimos rápidamente para la casa de la madre de Whitney, en donde nos encontraríamos con Whitney y JD e iríamos en su auto al partido de hockey de JD, en Grand Haven, a unos kilómetros al sur de Muskegon. Nos acompañaba el hijo de la novia del hermano de Whitney, un chico de 6 años juguetón e inteligente.

El partido era un especie de amistoso, así que no había prácticamente público. De igual manera lo disfruté mucho, y alegremente el equipo de JD ganó. Ya era tarde y los chicos trabajaban al día siguiente, así que una vez de regreso en lo de la madre de Whitney, viajamos en el auto de Sarah devuelta a casa.

Como habrán notado, viajamos en auto a todos lados. Y si, parece difícil hacer algo sin auto acá por las grandes distancias y la carencia de otro medio de transporte. Vi algunos colectivos en el centro de Grand Rapids, pero eso se da sólo en ciudades grandes y los tramos comunican el centro de estas. La clave de las ciudades americanas es un centro organizado, con muchos estacionamientos y poca aglomeración y a los alrededores barrios de casa como uno ve en las películas. Más allá rutas y más rutas en donde también vive la gente, en poblados aledaños, y estaciones de servicio, supermercados y lugares para comer por todos lados. Salvo que se viva cerca del centro, que no es demasiado grande, el auto resulta imprescindible para llegar a cualquier lado.

El miércoles 5 por la mañana nos quedamos en casa, cada uno tenía cosas que hacer. Sarah hizo macaroni and cheese y por la tarde decidimos ir a un Wal-mart. Yo quería visitar los famosos Wal-marts americanos y además quería hacer algunas compras. La cuestión es que gasté poca plata y me compré un plackard de ropa buena. Pantalones Wrangler de muy buena calidad salían 12 dólares. Verdaderamente es un placer comprar ropa en Estados Unidos.

A las 7 de la tarde teníamos el partido de baseball de los Whitecaps, un equipo de West Michigan, y fuimos acompañados de la madre de Sarah y su novio, Jim. Paramos en un subway para buscar comida, y la llevamos para comerla en el auto. Esto último es muy común en los americanos, que no se toman mucho tiempo para comer en el día a día.

El juego de baseball fue una auténtica experiencia americana. La gente con sus accesorios, las comidas que se vendían, los refrescos, los comentaristas de baseball, los juegos que se hacían en los entretiempos, los bailes del público, las canciones, etc. Nos encontramos en la entrada con April, amiga de Sarah, y una amiga de April. La pasamos muy bien, y en mi primer partido de baseball atrapé unos de los premios que catapultaban al público, un hotdog envuelto en una toalla.

Los Whitecaps ganaron y hubo fuegos artificiales al final del partido. Así terminó un gran día. Para el siguiente no había nada programado, pero Amy, roomate (compañera de cuarto) de Sarah nos vendría a visitar.

El jueves me levanté temprano porque Jim me quería llevar a dar una vuelta por el bosque que forma parte del terreno de la casa y tratar de mostrarme ciervos y ardillas. Como lo hace todas las mañanas, encendimos un fuego en el jardín, cerca de la quinta, y nos tomamos un café. Después de recorrer la quinta, nos dirigimos al bosque y afortunadamente pudimos divisar un ciervo y también una ardilla. Jim caza ciervos con arco y flecha, cosa que es común en la zona. Tienen unas especies de sillas atadas a cierta altura en algunos árboles desde donde espera que el animal se acerque a la carnada que él le preparó. Después de esto me propuso hacernos a Sarah y a mí un desayuno que consistió de carne de siervos con verduras de la huerta, como morrones verdes, hongos, etc; papas rojas cortadas en rodajitas y fritas, tostadas con mermelada casera de frambuesas negras, melones, y leche para tomar. Ni que decir que este fue nuestro almuerzo.

A la tarde Sarah tenía que donar sangre en el centro de Muskegon, así que condujimos hasta allá, sólo para enterarnos que como Sarah había estado poco tiempo atrás en las cataratas de Iguazú, no podría donar porque existe un riesgo de malaria. Aprovechamos antes de ir a buscar a Amy de recorrer la biblioteca de Muskegon, muy completa y con aspecto antiguo.

Amy se encontraba de vacaciones y en el momento estaba en lo de su tía que vive en una especia de barrio privado pero no cerrado, aunque en mi opinión el resto de la ciudad no tiene nada que envidiarle a este. Recogimos a Amy y decidimos recorrer el centro de Muskegon. A través de mi insistencia, pasamos por los Heights o “ghettos”, o sea, la zona pobre, que se parecía bastante a San Isidro jaja. Bueno, no exactamente, pero se puede afirmar que la pobreza de Estados Unidos es mucho más afortunada que la nuestra. Lo que si distinguía a este barrio era probablente el aspecto un poco deteriorado y descuidado de las casas, y el obvio hecho de que allí vivían muchos negros. De allí fuimos a las playas de Muskegon y esta fue mi primero oportunidad de tener contacto con el lago Michigan.

Al terminar nuestro recorrido llevamos a Amy a su casa y nosotros nos volvimos a lo de Sarah, en donde pensábamos encargar pizzas a Pizza Hut, una verdadera delicia de la comida rápida. Al llegar encontramos a Jim con uno de sus hermanos sentados en el jardín y tomando algunos de los vinos de frutas que prepara Jim. Nos invitaron a acompañarlos y pasamos un muy lindo momento charlando y probando los vinos de mora y frutilla. Más tarde se sumó Carol, la madre de Sarah y al llegar las increíbles pizzas de Pizza Hut nos fuimos a cenar adentro de la casa.

Tuvimos que cenar rápido porque JD y Whitney nos habían invitado a ir a la casa del padre de Whitney por la noche, pero querían que llegáramos antes de que oscureciera para poder recorrer el pueblo su pueblo en busca de ciervos. Parece que por esa zona hay muchos de ellos y salen a alimentarse a esa hora. Con mucha sorpresa para mí, encontramos muchos de ellos por todos lados, las veredas, los patios de las casas, cruzando las rutas, etc. Terminamos el recorrido en el muelle de Montague, su pueblo, en cuyas playas había jóvenes reunidos alrededor de fogatas que disfrutaban de la hermosa vista.

Volvimos a la casa de Terry, el padre de Whitney, que tiene un hermoso jardín que él cuida. Es muy común que los americanos inviertan mucho de su tiempo en sus jardines o huertas. Entrando a la casa fui recibido por maremoto de Boston Terriers y se armó un pandemónium. Varios son cachorros y son enérgicos y juguetones, así que pasó un buen tiempo hasta que se calmaran. Esa fue una noche muy agradable en el living de la casa de Terry, junto a los incansables perros y los chicos.

¡Hasta pronto gente! Espero que estén disfrutando el espacio.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Campamentos

Hola a todos, este va a ser mi primer posteo en los Estados Unidos. Llegué el jueves a la noche pero recién tuve la oportunidad de actualizar este espacio hoy. La razón es que todos estos días estuvimos de campamento en el norte de Michigan. Pero antes de eso, un poco de mi llegada y primera impresión.
El miércoles a las 22:30 salía mi vuelo de Ezeiza a Miami, pero tuvo algo de atraso y salimos alrededor de 20 minutos más tarde. Como resultado, llegué a destino cerca de media hora más tarde. El horario de llegada programado era 6:45, y terminamos llegando a las 7 y cuarto. Por otro lado, mi vuelo de Miami a Charlotte salía a las 8:20, por lo cual tenía poco más de una hora para alcanzar mi próximo vuelo. Pero muy desafortunadamente, al salir del avión me topo con una nutrida cola en Migraciones. Como buen argentino, me las traté de rebuscar, hablé con un policía acá, un asistente allá. Como resultado neto de cambios fila, tardé lo mismo que si hubiera hecho la cola que me tocaba. Cuando finalmente llega mi turno, la mujer que me atendió me pide la dirección en la que iba a parar en los Estados Unidos. Yo no la tenía. Con cierta desesperación me fui a un mostrador para ver si podía usar un teléfono para llamar a Sarah y preguntarle su dirección. 8:00. De repente mi celular enganchó señal y llamé a Sarah. Me dio la dirección y salí rajando. Todo estuvo bien, y me dejaron pasar. 8:10. Había que pasar valijas de un vuelo a otro. Sin problemas encontré la mía. Corrí lo más rápido que pude hacia el mostrador de US airways. 8:15. Me atendió un puertorriqueño que básicamente me dijo que no había chances de que agarre el vuelo. Así que no me quedó otra que elegir la mejor combinación de vuelos que el asistente me ofreció. Tuve que hacer además una modificación de destino; en vez de hacer escala en Chicago ahora haría escala en Detroit. Mi nuevo vuelo de Miami a Charlotte salía ahora a las 14:55 y recién eran como las nueve así que me dispuse a hacer algo para pasar el tiempo.

El aeropuerto de Miami estaba lleno de hispanos y todo el mundo hablaba castellano, así que siempre me intentaban de hablar en ese idioma. Lo primero que hice fue comprarme un par de revistas y diarios americanos. Después me preparé para mi primera experiencia norteamericana: Burger King. Me tomé un desayuno muy barato y abundante. El café te lo servías solo de una dispensadora y tenías un refill que no tuve que usar porque el vaso de café era muy grande. A pesar de eso, el café era bastante malo y acuoso.

Ya en pre-embarque, estaba esperando para la partida de mi avión y recién eran la 1:30, cuando alguien del personal nos dijo a los que estábamos en la sala si no queríamos viajar en el avión que estaba por despegar que tenía el mismo destino que el nuestro. Como no tenía nada que hacer y ya estaba bastante cansado de esperar, me subí.

Llegué al aeropuerto de Charlotte. Acá ya había pocos que hablaran castellano, y había mucho movimiento de gente. El lugar estaba lleno de negocios tipo kioscos y de locales de cadenas de comida rápida. Segunda experiencia norteamericana: Pizza Hut para la cena (adaptándome a la costumbre americana, a las 5 de la tarde). Créanme, la pizza de este lugar no se puede dejar de probar. La que yo probé era de pepperoni, pero estoy seguro que voy a probar varias más en el resto del viaje.

A las 18:30 volé hacia Detroit. Me encontré con un aeropuerto muy grande y muy moderno y con poca gente. Tuve que tomarme una combi que me llevó a la otra terminal del aeropuerto y de allí esperé mi otro avión, que salió con aproximadamente media hora de retraso.
Antes de seguir tengo que decir que todos los americanos con los que me topé en los aeropuertos, especialmente los empleados de los locales, fueron muy amables y simpáticos conmigo, y pareciera que todos estuvieran de muy buen humor.

Entonces, llegó a mi destino final a las 12 de la noche, y Sarah estaba ahí esperándome. Agarramos mi valija, la metimos en el auto, y salimos para su casa. En el camino paramos en un Arby’s y yo pedí comida para llevar. Me pedí un sándwich de lomo con unas curly fries, unas papas fritas en forma de resorte con un aderezo muy rico.

Me sorprendió llegar a Muskegon, la ciudad en la que vive Sarah, y observar que todo estaba muy desparramado. Por el camino a su casa ni siquiera vi veredas, era todo ruta. A los lados de la ruta estaba lleno de estaciones de servicio, hoteles, casas de comida rápida, estacionamientos inmensos, y casas particulares metidas en el bosque. El paisaje era muy boscoso con poco espacio abierto, y había mucho espacio entre casa y casa. Finalmente siguiendo una ruta casi de campo llegamos a la casa de Sarah, muy alejada de la civilización y escondida en la densa masa boscosa que hay por todos lados. Yo estuve boquiabierto todo el viaje por la belleza del paisaje, y la casa de Sarah me pareció muy bonita. Está hecha de madera, como casi todos los edificios que vi en el camino, y tiene una huerta y un granero en la parte trasera. La propiedad no tiene separación de ningún tipo y quizás lo único que la limita es el bosque que se alza alrededor de ella. Llegamos como a la una de la mañana y todo el mundo estaba durmiendo, así que nosotros nos fuimos también a dormir porque al día siguiente tendríamos un largo día.

Sarah tenía planeado para el viernes ir de campamento con una pareja amiga de ella, JD y Whitney (JD por James David). Iríamos a acampar al norte de la península de Michigan, a Interlochen. Michigan es un Estado compuesto por dos penínsulas, la alta y la baja. La más grande e importante es la baja, que se encuentra al sur del alta y está separada por el lago Michigan y Huron. Nosotros acamparíamos al norte de la baja. Estaríamos viernes, sábado y domingo por la mañana en Interlochen, y después Sarah y yo seguiríamos camino hacia Mackinaw, en el extremo norte de la península baja, donde un puente une a ambas. Allí visitaríamos la isla de Mackinac, que fue un fuerte inglés en la época de las guerras de independencia norteamericana. Así que cargamos todo lo que necesitábamos en el auto de Sarah y partimos. Los chicos irían en su auto y nosotros en el nuestro. Llevamos además bicis para mí y Sarah en la parte trasera del auto.
Yo todavía no tenía cámara y tendría que usar la de Sarah por el momento. Aquí descubrí mi nueva pasión: sacar fotos. Le saqué fotos a todo, y a todo el mundo le daba mucha gracia lo pesado que me podía llegar a poner. Para los que quieran conocer Norteamérica, yo creo que me la llevé de recuerdo en las fotos.
El campamento de Interlochen estaba lleno de acampantes. Los americanos le hacen un homenaje a la practicidad y comodidad en su forma de acampar. Paso a describir nuestro campamento: Una carpa en la que metimos dos colchones de dos plazas muy cómodamente. Si, teníamos colchones inflables, y los inflábamos con unos aparatitos. Por supuesto hubo sábanas y frasadas. Teníamos como 3 conservadoras con comida. Hago lista y ustedes sacan conclusiones: platos descartales, cubiertos, sal y pimienta, aderezos, servilletas descartables, bidón dispensador de agua, parrilla a gas, hornallas a gas, parrilla para el fuego, detergente, ollas, sartenes, equipo de música, juegos de mesa, lámparas, una conservadora llena de latitas de gaseosas y de botellitas de agua, un utensillo para preparar hamburguesas, manteca en spray, repasadores, manteles, rollos de aluminio, soga para tender la ropa, etc. Mucha comida: hamburguesas, salchichas, pan para hacer tostadas, malvaviscos, galletitas de miel, chocolates, huevos, bacon, hongos, salsa de pizza, pochoclo envasado, manteca de maní, saborizante de vainilla, Cinnamon (canela), etc. Tengo que admitir que comí muy bien en el camping. Me hicieron probar platos típicos americanos. Para el desayuno comí french toasts, unas tostadas envueltas en huevo y con una salsa de vainilla arriba, bacon, huevos revueltos, tostadas con manteca de maní. Para los almuerzos y cenas preparamos unas hamburguesas muy gruesas, salchichas tipo alemanas asadas, sándwichs tostados con salsa de pizza, queso, hongos y pepperoni, choclo hervido y papa hervida. Pero lo mejor fue el postre: smores, que son malvaviscos con galletitas de miel y chocolate hershey’s.


El sábado fuimos a un lugar donde podíamos escalar las dunas y después de un recorrido (bastante largo por cierto) llegar hasta el lago Michigan. Hicimos hasta mitad de camino porque el elemento femenino se empezó a cansar.

El domingo nos preparamos para partir, JD y Whitney por un lado, Sarah y yo por otro. Viajamos hacia el norte de Michigan pasando por ciudades como Charlevoix, Taverse City, etc. En Traverse City le pedimos a una familia que nos saque una foto y resulta que el marido de la mujer era cordobés, pero se ve que hace tanto que se vino a vivir a Estados Unidos que el acento lo tenía medio cruzado. En Charlevoix paramos en una estación de servicio que se llama 7 eleven y pedimos un slurpee, que es como un refresco semi-congelado al que se le puede agregar muchos sabores. Lo menciono porque estaba buenísimo.



Llegamos a Mackinaw a las 3 de la tarde y lo primero que hicimos fue acampar en un camping de cerca de la ciudad que se llamaba Mill Creek. Después nos fuimos a Mackinaw City a recorrer. Acá conocí el chocolate artesanal Fudge, original de la ciudad, y aprendí un poco de la historia de la ciudad. En ella se estableció por mucho tiempo un fuerte inglés que protegía la frontera de los franceses hasta que lo decidieron trasladar a la isla de Mackinac. Con la independencia de Estados Unidos los ingleses lo recuperaron y volvió a manos de Estados Unidos por medio de negociaciones. La ciudad se caracteriza además por el puente que une las dos penínsulas de Michigan, que mide 5 millas y forma parte del paisaje. Como los habitantes de la península baja viven “debajo del puente” los de la alta los llaman “trolls”. Antes de volvernos al camping nos encontramos con la amiga de la universidad de Sarah y compañera de cuarto, Adrienne, lo cual fue una agradable sorpresa.



A la mañana del día siguiente un ferry nos condujo a la isla. En esta están prohibidos los autos así que todo el mundo va en bicicleta o alquila una allí para recorrerla. Nosotros llevamos las nuestras. La isla es muy bonita y tiene un aire a siglo XIX. Cuando paramos a comer yo me pedí un chili dog, un pancho con una salsa de carne picantona. La isla dispone de varios recorridos panorámicos para hacer y nosotros elegimos el que rodeaba la isla por la costa, que consistía de 8 millas y media. Cuando terminamos recorrimos a pata el pequeño centro del pueblo.


Como ya estábamos bastante cansados, nos tomamos un ferry de regreso a las 16:30 e inmediatamente emprendimos el regreso a la casa de Sarah ya que nos esperaban cuatro horas y media de viaje. Con algunas contrariedades en el viaje (el enganche de las bicis se movía hasta que lo pudimos arreglar) llegamos un poco tarde a su casa, como a las once de la noche.
Bueno gente querida, en el próximo post el recorrido por Grand Rapids con amigos de Sarah, la cena en lo de su padre, y el partido de hockey de JD. ¡Hasta pronto!