El miércoles a las 22:30 salía mi vuelo de Ezeiza a Miami, pero tuvo algo de atraso y salimos alrededor de 20 minutos más tarde. Como resultado, llegué a destino cerca de media hora más tarde. El horario de llegada programado era 6:45, y terminamos llegando a las 7 y cuarto. Por otro lado, mi vuelo de Miami a Charlotte salía a las 8:20, por lo cual tenía poco más de una hora para alcanzar mi próximo vuelo. Pero muy desafortunadamente, al salir del avión me topo con una nutrida cola en Migraciones. Como buen argentino, me las traté de rebuscar, hablé con un policía acá, un asistente allá. Como resultado neto de cambios fila, tardé lo mismo que si hubiera hecho la cola que me tocaba. Cuando finalmente llega mi turno, la mujer que me atendió me pide la dirección en la que iba a parar en los Estados Unidos. Yo no la tenía. Con cierta desesperación me fui a un mostrador para ver si podía usar un teléfono para llamar a Sarah y preguntarle su dirección. 8:00. De repente mi celular enganchó señal y llamé a Sarah. Me dio la dirección y salí rajando. Todo estuvo bien, y me dejaron pasar. 8:10. Había que pasar valijas de un vuelo a otro. Sin problemas encontré la mía. Corrí lo más rápido que pude hacia el mostrador de US airways. 8:15. Me atendió un puertorriqueño que básicamente me dijo que no había chances de que agarre el vuelo. Así que no me quedó otra que elegir la mejor combinación de vuelos que el asistente me ofreció. Tuve que hacer además una modificación de destino; en vez de hacer escala en Chicago ahora haría escala en Detroit. Mi nuevo vuelo de Miami a Charlotte salía ahora a las 14:55 y recién eran como las nueve así que me dispuse a hacer algo para pasar el tiempo.
El aeropuerto de Miami estaba lleno de hispanos y todo el mundo hablaba castellano, así que siempre me intentaban de hablar en ese idioma. Lo primero que hice fue comprarme un par de revistas y diarios americanos. Después me preparé para mi primera experiencia norteamericana: Burger King. Me tomé un desayuno muy barato y abundante. El café te lo servías solo de una dispensadora y tenías un refill que no tuve que usar porque el vaso de café era muy grande. A pesar de eso, el café era bastante malo y acuoso.
Ya en pre-embarque, estaba esperando para la partida de mi avión y recién eran la 1:30, cuando alguien del personal nos dijo a los que estábamos en la sala si no queríamos viajar en el avión que estaba por despegar que tenía el mismo destino que el nuestro. Como no tenía nada que hacer y ya estaba bastante cansado de esperar, me subí.
Llegué al aeropuerto de Charlotte. Acá ya había pocos que hablaran castellano, y había mucho movimiento de gente. El lugar estaba lleno de negocios tipo kioscos y de locales de cadenas de comida rápida. Segunda experiencia norteamericana: Pizza Hut para la cena (adaptándome a la costumbre americana, a las 5 de la tarde). Créanme, la pizza de este lugar no se puede dejar de probar. La que yo probé era de pepperoni, pero estoy seguro que voy a probar varias más en el resto del viaje.
A las 18:30 volé hacia Detroit. Me encontré con un aeropuerto muy grande y muy moderno y con poca gente. Tuve que tomarme una combi que me llevó a la otra terminal del aeropuerto y de allí esperé mi otro avión, que salió con aproximadamente media hora de retraso.
Antes de seguir tengo que decir que todos los americanos con los que me topé en los aeropuertos, especialmente los empleados de los locales, fueron muy amables y simpáticos conmigo, y pareciera que todos estuvieran de muy buen humor.
Antes de seguir tengo que decir que todos los americanos con los que me topé en los aeropuertos, especialmente los empleados de los locales, fueron muy amables y simpáticos conmigo, y pareciera que todos estuvieran de muy buen humor.
Entonces, llegó a mi destino final a las 12 de la noche, y Sarah estaba ahí esperándome. Agarramos mi valija, la metimos en el auto, y salimos para su casa. En el camino paramos en un Arby’s y yo pedí comida para llevar. Me pedí un sándwich de lomo con unas curly fries, unas papas fritas en forma de resorte con un aderezo muy rico.
Me sorprendió llegar a Muskegon, la ciudad en la que vive Sarah, y observar que todo estaba muy desparramado. Por el camino a su casa ni siquiera vi veredas, era todo ruta. A los lados de la ruta estaba lleno de estaciones de servicio, hoteles, casas de comida rápida, estacionamientos inmensos, y casas particulares metidas en el bosque. El paisaje era muy boscoso con poco espacio abierto, y había mucho espacio entre casa y casa. Finalmente siguiendo una ruta casi de campo llegamos a la casa de Sarah, muy alejada de la civilización y escondida en la densa masa boscosa que hay por todos lados. Yo estuve boquiabierto todo el viaje por la belleza del paisaje, y la casa de Sarah me pareció muy bonita. Está hecha de madera, como casi todos los edificios que vi en el camino, y tiene una huerta y un granero en la parte trasera. La propiedad no tiene separación de ningún tipo y quizás lo único que la limita es el bosque que se alza alrededor de ella. Llegamos como a la una de la mañana y todo el mundo estaba durmiendo, así que nosotros nos fuimos también a dormir porque al día siguiente tendríamos un largo día.
Sarah tenía planeado para el viernes ir de campamento con una pareja amiga de ella, JD y Whitney (JD por James David). Iríamos a acampar al norte de la península de Michigan, a Interlochen. Michigan es un Estado compuesto por dos penínsulas, la alta y la baja. La más grande e importante es la baja, que se encuentra al sur del alta y está separada por el lago Michigan y Huron. Nosotros acamparíamos al norte de la baja. Estaríamos viernes, sábado y domingo por la mañana en Interlochen, y después Sarah y yo seguiríamos camino hacia Mackinaw, en el extremo norte de la península baja, donde un puente une a ambas. Allí visitaríamos la isla de Mackinac, que fue un fuerte inglés en la época de las guerras de independencia norteamericana. Así que cargamos todo lo que necesitábamos en el auto de Sarah y partimos. Los chicos irían en su auto y nosotros en el nuestro. Llevamos además bicis para mí y Sarah en la parte trasera del auto.
Yo todavía no tenía cámara y tendría que usar la de Sarah por el momento. Aquí descubrí mi nueva pasión: sacar fotos. Le saqué fotos a todo, y a todo el mundo le daba mucha gracia lo pesado que me podía llegar a poner. Para los que quieran conocer Norteamérica, yo creo que me la llevé de recuerdo en las fotos.
El campamento de Interlochen estaba lleno de acampantes. Los americanos le hacen un homenaje a la practicidad y comodidad en su forma de acampar. Paso a describir nuestro campamento: Una carpa en la que metimos dos colchones de dos plazas muy cómodamente. Si, teníamos colchones inflables, y los inflábamos con unos aparatitos. Por supuesto hubo sábanas y frasadas. Teníamos como 3 conservadoras con comida. Hago lista y ustedes sacan conclusiones: platos descartales, cubiertos, sal y pimienta, aderezos, servilletas descartables, bidón dispensador de agua, parrilla a gas, hornallas a gas, parrilla para el fuego, detergente, ollas, sartenes, equipo de música, juegos de mesa, lámparas, una conservadora llena de latitas de gaseosas y de botellitas de agua, un utensillo para preparar hamburguesas, manteca en spray, repasadores, manteles, rollos de aluminio, soga para tender la ropa, etc. Mucha comida: hamburguesas, salchichas, pan para hacer tostadas, malvaviscos, galletitas de miel, chocolates, huevos, bacon, hongos, salsa de pizza, pochoclo envasado, manteca de maní, saborizante de vainilla, Cinnamon (canela), etc. Tengo que admitir que comí muy bien en el camping. Me hicieron probar platos típicos americanos. Para el desayuno comí french toasts, unas tostadas envueltas en huevo y con una salsa de vainilla arriba, bacon, huevos revueltos, tostadas con manteca de maní. Para los almuerzos y cenas preparamos unas hamburguesas muy gruesas, salchichas tipo alemanas asadas, sándwichs tostados con salsa de pizza, queso, hongos y pepperoni, choclo hervido y papa hervida. Pero lo mejor fue el postre: smores, que son malvaviscos con galletitas de miel y chocolate hershey’s.
El sábado fuimos a un lugar donde podíamos escalar las dunas y después de un recorrido (bastante largo por cierto) llegar hasta el lago Michigan. Hicimos hasta mitad de camino porque el elemento femenino se empezó a cansar.
El domingo nos preparamos para partir, JD y Whitney por un lado, Sarah y yo por otro. Viajamos hacia el norte de Michigan pasando por ciudades como Charlevoix, Taverse City, etc. En Traverse City le pedimos a una familia que nos saque una foto y resulta que el marido de la mujer era cordobés, pero se ve que hace tanto que se vino a vivir a Estados Unidos que el acento lo tenía medio cruzado. En Charlevoix paramos en una estación de servicio que se llama 7 eleven y pedimos un slurpee, que es como un refresco semi-congelado al que se le puede agregar muchos sabores. Lo menciono porque estaba buenísimo.
Llegamos a Mackinaw a las 3 de la tarde y lo primero que hicimos fue acampar en un camping de cerca de la ciudad que se llamaba Mill Creek. Después nos fuimos a Mackinaw City a recorrer. Acá conocí el chocolate artesanal Fudge, original de la ciudad, y aprendí un poco de la historia de la ciudad. En ella se estableció por mucho tiempo un fuerte inglés que protegía la frontera de los franceses hasta que lo decidieron trasladar a la isla de Mackinac. Con la independencia de Estados Unidos los ingleses lo recuperaron y volvió a manos de Estados Unidos por medio de negociaciones. La ciudad se caracteriza además por el puente que une las dos penínsulas de Michigan, que mide 5 millas y forma parte del paisaje. Como los habitantes de la península baja viven “debajo del puente” los de la alta los llaman “trolls”. Antes de volvernos al camping nos encontramos con la amiga de la universidad de Sarah y compañera de cuarto, Adrienne, lo cual fue una agradable sorpresa.
A la mañana del día siguiente un ferry nos condujo a la isla. En esta están prohibidos los autos así que todo el mundo va en bicicleta o alquila una allí para recorrerla. Nosotros llevamos las nuestras. La isla es muy bonita y tiene un aire a siglo XIX. Cuando paramos a comer yo me pedí un chili dog, un pancho con una salsa de carne picantona. La isla dispone de varios recorridos panorámicos para hacer y nosotros elegimos el que rodeaba la isla por la costa, que consistía de 8 millas y media. Cuando terminamos recorrimos a pata el pequeño centro del pueblo.
Como ya estábamos bastante cansados, nos tomamos un ferry de regreso a las 16:30 e inmediatamente emprendimos el regreso a la casa de Sarah ya que nos esperaban cuatro horas y media de viaje. Con algunas contrariedades en el viaje (el enganche de las bicis se movía hasta que lo pudimos arreglar) llegamos un poco tarde a su casa, como a las once de la noche.
Bueno gente querida, en el próximo post el recorrido por Grand Rapids con amigos de Sarah, la cena en lo de su padre, y el partido de hockey de JD. ¡Hasta pronto!
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ResponderEliminarKevin! It sounds like you had a lot of fun! Your observations are funny to read. French toast is amazing, probably my favorite breakfast food, slurpees are a great treat, and yes we go to bed early. haha. I wish we could have met up at some point but I'm glad you have had a great time. :)
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